Pensé que, como siempre, el cambio de horario me haría lo que el aire le hace al Benemérito, con todo respeto. Pero cuando en Moscú son las cuatro de la tarde ahorita, en México son las tres de la mañana. Claro que el Benemérito me las cobró, por faltarle al respeto. Ya no sé qué decir, o si voy o vengo, o si es de día o de noche. Vitali vino a visitarme a mi habitación para agradecerme el haber tomado un viaje tan largo para estar en su pelea. También para agradecerme todo lo que el WBC (Consejo Mundial de Boxeo, por sus siglas en inglés) ha hecho por él, especialmente cuando tuvo que retirarse por lesiones, siendo campeón, para recibir el apoyo y las puertas abiertas para volver a continuar una carrera que ha tocado ya las puertas de la gloria . Ello me hizo pensar en las cosas de la vida. Un campeón de su grandeza ha tenido la humildad y el corazón para expresarme su reconocimiento, tocando, desde luego, lo más íntimo de mis sentimientos, muchas veces herido por la ingratitud y la incomprensión. Hay algunos a quienes se les ha dado toda oportunidad para llegar a ser lo que son, y responden con infundios y falsedades para echar fuera su furor infundado del momento. Hay también algunas comisiones de boxeo que creen que su casa es el paraíso y que ellos son los papas de Tarzán o de Supermán. Comisiones que no entienden ni reconocen que un campeón mundial del WBC es reconocimiento exclusivo de nuestro organismo por ser el WBC dueño de su marca y del nombramiento de campeón mundial WBC. Lo mismo que hacen a todos los organismos internacionales de boxeo.
En el caso de las peleas del 15 de septiembre en Las Vegas, hicieron atole y se lo comieron con el dedo. No somos responsables de los nombramientos de jurados y nos han humillado sacándose de la manga un juez que sólo ha actuado para otro organismo y que el WBC nunca hubiera nombrado. Esto ha pasado ya, la raya de la tolerancia y no dudo que se tomen medidas serias para no aceptar la discriminación, el atropello y la falta de respeto al más elemental principio de justicia y respeto a los derechos de los demás.
El Consejo Mundial de Boxeo, fundado en la primera convención mundial de boxeo, patrocinada por el llorado presidente Adolfo López Mateos, se fundó en febrero de 1963 y está celebrando su 50 aniversario. Está formado por un grupo de comisionados de 165 países, quienes entregan lo mejor de ellos mismos en beneficio del boxeo en el mundo y de sus boxeadores.
Absolutamente nadie de los ejecutivos del WBC recibimos compensación alguna por el tiempo y el trabajo entregados. Una comisión de boxeo estatal en Estados Unidos se dedica exclusivamente a registrar contratos, emitir licencias y supervisar las peleas en su Estado.
El Consejo Mundial de Boxeo tiene pensiones para boxeadores, nos encargamos de un número importante de cirugías y hospitalización de boxeadores. Creamos reglamentos para lograr la protección al boxeador e imponer justicia en actos y peleas, y podría llevarme muchas páginas para describir la multiplicidad de hechos benéficos para el deporte. La base primordial de quienes formamos el WBC, es el amor. El amor al boxeo. El amor a los boxeadores como si fueran nuestros hijos. Nuestra lucha contra los molinos de viento, como El Quijote de la Mancha, para tratar de eliminar o al menos reducir el abuso y la explotación de un boxeador, a quienes algunos tratan como una mercancía y no como un ser humano. La atención permanente a los problemas de carácter médico y la implementación del avance de la ciencia precisamente para el cuidado de quienes suben al ring.
Ese es el corazón del CMB. Si los molinos de viento son algunas comisiones, contra ellas montaremos nuestro Rocinante para lograr el respeto a la dignidad, los derechos y la justicia. Muchas gracias y hasta el próximo domingo.





