Siempre fui un niño muy inquieto, amante del deporte y de los sueños. Recuerdo esas noches en que después del beso de mi madre, mi mente viajaba a lugares insospechados; sin embargo, un viaje era recurrente...convertirme en campeón mundial, aún hoy, habiendo dejado la niñez a un lado, cierro los ojos y me veo levantando con orgullo el cinturón verde y oro. Se que el camino hacia ese sueño de la infancia no es sencillo, pero ¿qué sentido tendría la vida si las cosas fueran fáciles? Sé lo que quiero, por eso me preparo más allá del ciento por ciento; recuerdo aquella velada en la Arena Oasis de Cancún donde en contra de todo pronóstico vencí por nocaut técnico en el segundo asalto al experimentado Jorge Linares.
Con esa victoria en la bolsa, llego la oportunidad de disputar el título Plata Internacional Superpluma contra el peligroso argentino Juan Ramos Solís. Fue una noche muy especial, ¡era mi momento! y no pensaba dejar ir la oportunidad.
Concentrado y con la idea fija en ese campeonato, salí dispuesto a dejar el alma, confiaba en mi preparación, ¡claro! Pero también en mi fe y mi hambre de triunfo; quinto asalto y la pelea terminaba por nocaut. ¡que noche! ¡mi noche! Cancún ha sido un hogar para mi, me ha visto crecer como boxeador, pero Chetumal es mi raíz, el lugar que me vio nacer y donde comenzaron mis sueños, donde descubrí mi pasión: el boxeo.
Conocida también como “la cuna del mestizaje”, la pacífica ciudad de Chetumal se localiza al final de la costa del Mar Caribe, un paraíso donde se respira un auténtico estilo caribeño, lleno de sabor, color y magia. Vienen a mi mente un mar de recuerdos…esas caminatas con los amigos por el boulevard que rodea la bahía, un deleite visual ya que desde ese punto puedes apreciar el abanico de azules del que sólo el Mar Caribe es dueño. Otro lugar que me resulta inolvidable es Kohunlich un centro ceremonial maya donde sin lugar a dudas se respira un aire diferente, enigmático casi mágico… se dice que Kohunlich era una ciudad maya muy importante para el comercio entre las ciudades de Yucatán y Centroamérica.
Viajes inolvidables con mi familia y los amigos, lugares de ensueño que nos recuerdan la riqueza de nuestro país…Laguna de Bacalar, es como ese oasis en el desierto, como ese remanso de paz, ese lugar que desearías sólo fuera para ti, conocido también como “La Laguna de 7 colores” por las diferentes tonalidades de sus cristalinas aguas…que días aquellos en que nos sumergíamos en esos azules, fundiéndonos con la naturaleza, contemplando su flora, su fauna, su total belleza. Tantos recuerdos, me han llevado de nuevo a casa, a esas comidas con toda la familia, tíos, primos y sobrinos reunidos, disfrutando de un exquisito pescado a la naranja agria, pollo adobado, pan de cazón y lo que no podía faltar en la mesa arroz con frijoles…¡Una comida de reyes y muy típica! Alguna vez me preguntaron que significa Chetumal para mi y aunque mil y un pensamientos pasaron por mi cabeza podría resumirlo en dos palabras: MI PARAÍSO.





