El primero, el sentir con emoción la majestuosidad del evento; pensar que se encuentran reunidos en Londres todas las razas y todos los países, celebrando la unidad del mundo en la paz a través del deporte. Aunque los Juegos en Beijing fueron para mí más espectaculares, estos de Londres fueron la representación, con el lujo del espectáculo, de la historia y la preservación de las tradiciones británicas.
Un espectáculo con miles y miles de participantes y la tecnología multimillonaria para presentar el deporte de hoy en toda su grandeza con el fenómeno de la electrónica. El encendido del pebetero olímpico estuvo lejos de la fastuosidad de la extraordinaria ceremonia. Recordé los Juegos Olímpicos de 1968 en México, cuando nuestra Queta Basilio, una estrella querida mexicana, subía los escalones del estadio en un momento emocionante para hacerlo. Tampoco olvido el glorioso momento cuando el gran Muhammad Ali, lo hizo en Atlanta, que trajo lágrimas a los presentes.
Otro gran sentimiento fue el ver tanto gasto multimillonario, comparado con la enorme pobreza que existe en el mundo. Pero eso ya es harina de otro costal. Algunos indicios históricos dicen que los Juegos empezaron por ahí de 15 siglos antes de Cristo y fueron suspendidos en etapas diferentes. Los Juegos ya llamados Olímpicos alcanzaron su apogeo en el siglo V antes de Cristo.
Sus primeros deportes fueron el atletismo y el boxeo. En nuestra era, el emperador de Constantinopla los suspendió en el año 394 por considerarlos una celebración pagana. Lo importante es observar que a través de la historia antigua y la moderna, los Juegos Olímpicos representan al deporte como la única actividad que une en paz a todos los países del mundo, que fue en el mundo antiguo un motivo para detener las guerras durante el tiempo de los Juegos, que abre los corazones de los humanos para seguir con entusiasmo y esperanza el triunfo de sus compatriotas, que todo eso se siente, nos llega, cuando vemos las caras de la gente por la televisión, que por única ocasión viene de los cinco continentes.
Como siempre, partieron nuestros boxeadores, sólo dos, en el grupo de atletas mexicanos. Como siempre, se les trató con poca atención para confirmar al boxeo como el "patito feo" del deporte mexicano. No dudaría que nuestro deporte de los puños se levantara con el triunfo y fuera uno de los que trajera medallas a México.
El boxeo olímpicotiene problemas de suerte, como lo es el sorteo que se hace para ver quién boxea contra quién y en qué grupo les coloca. Si les toca enfrentarse contra alguno de los grandes, pues hay que persignarnos, pero todavía con esperanza del triunfo. El boxeo olímpico actual ha cambiado totalmente por las famosas maquinitas de los jueces. Se necesita que tres de los cinco jueces aplanen un botoncito al mismo tiempo. Los cubanos y los europeos de la ex Unión Soviética le han encontrado el estilo a las maquinitas. En el boxeo amateur es pegar y correr. Nosotros no lo hemos hecho. Seguimos yendo para adelante, tirando golpes, muchos a los codos y otros en no sé dónde, sin importar los que nos lleguen. No le hemos entrado al pica y corre. Nos ha faltado entender el deporte del boxeo amateur para que lo apliquen nuestros boxeadores. Pero aún así, espero que el boxeo mexicano nos traiga al menos una medalla.
El futuro demanda un cambio total. Vi también por televisión una entrevista con el director de la Conade, nuestro amigo Bernardo de la Garza. Le preguntaron si el nuevo gobierno federal debería invertir más dinero en el deporte. Su contestación fue que sí y mucho, aún cuando ahora se ha gastado más que nunca. Dijo también que sólo para organizar un torneo se necesitaban 10 millones de dólares. Yo me pregunto qué sucede si la única inversión del gobierno es prácticamente el deporte federado. Con todo respeto para mi amigo, pienso que lo que se necesita es convertir al deporte mexicano en uno masivo.
Desde la primaria hasta el profesional. Se necesita una buena administración para evitar el chambismo rutinario de los trabajadores, además de una planificación profunda para sembrar la cultura deportiva desde la niñez. Una que incluya un nuevo rumbo de participación desde la familia al campo deportivo, uno en el que todos los mexicanos tengan oportunidad de practicarlo como deporte competitivo o simplemente como uno de distracción.
Se requiere que todos practiquen deporte para sacarlos del vicio y conducirlos por el camino del esfuerzo y del bien. Se debe traer a México, por temporadas, a los mejores entrenadores del mundo para preparar a los nuestros y sacarlos de las viejas rutinas, de hacer escuelas y gimnasios como parte de una estrategia nacional.
Llenarlos de maestros y entrenadores De la más alta técnica en el mundo del deporte. Llevar como bandera el deporte obligatorio desde las primarias, sin que sólo les den una pelota de futbol para que salgan al patio a patearla. Así lo hacen los países del primer mundo que son los que ganan más medallas.
El gran problema de nosotros es el hacerlo todo rutinario. El no trabajar arduamente al fin de los Juegos, sino esperarnos siempre hasta que se acerquen. Nos faltan líderes que muevan a las masas a seguirlos. Que sean creadores, perseverantes, reformadores, responsables y que no busquen sólo la noticia o actuar como le guste a los medios. Que sean guías verdaderos en la planeación y supervisión del progreso con base en la atención, sentido de responsabilidad y trabajo. Eso es lo que se necesita, pues así el gasto será bien invertido y costaría menos, porque se ganaría mucho más. Muchas gracias y hasta el próximo domingo.





