Rememoro, como si fuera ayer, la visita de un gran amigo, Jim Jacobs, quien me traía un video para mostrarme lo que él llamó el bombardero del futuro, más demoledor que el mismo Joe Louis. Su nombre era Mike Tyson y vi cómo un jovencito ganaba sus primeras 18 peleas profesionales por nocaut en el primer round. Me impresionó, pero decidí, y se lo dije, que habría que esperar más peleas con boxeadores de otro nivel.
Pocos años después vino Don King, ya su promotor, a pedir una oportunidad por el título mundial que poseía el jamaiquino Trevor Berbick, cuando Tyson apenas tenía 20 años de edad. Mike ganó por despiadado nocaut el título mundial del CMB para convertirse en el campeón mundial de peso completo más joven de la historia. Su campeonato empezó con la controversia y el drama en lo que se convirtió su vida, aunque quedó huérfano de niño y para los 14 años de edad ya estaba en la cárcel. Recuerdo esa noche de su triunfo cómo se paseaba hasta el amanecer con su cinto verde y oro en la cintura por todos los rincones del hotel.
Al día siguiente, de acuerdo al estilo de entonces del promotor Don King, en el estrado del salón de espectáculos del hotel, Muhammad Ali le daba el cetro y una corona. Yo le ponía la capa de un rey. Mike, entonces, como un niño orgulloso de 20 años, además del cinto, se paseaba con su corona.
Empezaba una carrera que lo llevaría a ser uno de los campeones más famosos de la historia, a base de trepidantes nocauts. Llegó entonces una noche en que conquistó el récord quizá nunca posible de superar: ganar más de 30 millones de dólares por poco más de un minuto que duró la pelea. Michael Spinks yacía en la lona noqueado por casi lo mismo que duró el combate. Se decía que se debía a la rabieta que hizo Mike cuando el manager de Spinks, el recién finado Butch Lewis, lo había obligado, con el apoyo de la comisión de boxeo, a quitarse el vendaje que ya tenía, para volverse a vendar Inolvidable para siempre aquel pedazo de oreja que cayó sobre la lona, casi frente a mí, tras las dos mordidas de Tyson a Holyfield. Nadie lo explicaba. Holyfield había estado cabeceando y cortando de la ceja a Tyson toda la noche, sin que el réferi lo amonestara ni le quitara puntos. Tyson mostró esa noche ser lo que siempre decía: el hombre más malo sobre la tierra…
En la más reciente convención pedí a Evander que entregara a Mike el cinto oro y verde del WBC de excelencia boxística. Para sorpresa de todos, aceptó. Aquellos grandes rivales se fundieron en un caluroso abrazo enmarcado por sus amplias sonrisas.
Cómo olvidar el salvaje nocaut que le impuso a Larry Holmes, uno de los grandes completos en la historia del boxeo. Me dolió mucho ,fue su castigo por volver al boxeo cuando ya no era su tiempo; el viejo pecado de todos. Inclusive del propio Mike, de Julio César Chávez, de Sugar Ray Leonard, de Rubén Olivares. Como muchos, con la grandeza adquirida en pocos años, Mike contrajo matrimonio con una nueva actriz, quien le creó un drama en su vida que lo cambió para siempre. El nuevo Tyson, con mala condición física, subió al ring en Japón, en donde tras una cuenta larga —14 segundos— del réferi, perdió su invicto y el título.
De ahí siguió una etapa muy dura, hasta un juicio discriminatorio por un jurado exclusivamente de blancos, que lo mandó a la cárcel por tres años. La causa: una mujer que llegó a su cuarto del hotel por la noche y quien después lo acusó de abuso sexual. Sólo faltaba que esa mujer hubiera subido a su cuarto a esa hora a pedir su autógrafo.
La vida de ese extraordinario peleador que jalaba multitudes en sus peleas, que elevaba estruendosas ovaciones con el poder de sus puños, con el aplauso de los de su raza y la discriminación de los blancos, cayó en desgracia y en el vicio. Parecía que el destino de Mike Tyson sería como el de la mayoría de los boxeadores que nacen en las cunas más humildes, conquistan la gloria y el dinero, para luego perderlo todo y llegar al final de su vida en la desgracia y el hambre. Pero no, Mike Tyson se levantó de sus cenizas. Encontró una nueva mujer, su esposa, quien lo condujo por un nuevo camino, limpio y orgulloso de su pasado como uno de los más grandes campeones de peso completo de la historia.
Se mueve por un nuevo camino, en la actuación, en programas de boxeo para los jóvenes y contra el bullying, que confiesa que de niño sufrió. Ahora en contacto con el público en un nivel de limpieza y ejemplaridad. Conservó algo de su dinero y vive muy bien.
Quisiera ponerlo como ejemplo para los jóvenes, inclusive para los que entran a la vida de la violencia, para vivir siempre escondidos como los ratones. Tyson cayó pesadamente a la lona, pero se levantó como los hombres, con la bravura de peleador, para conquistar nuevamente la gloria. A mí me deja con recuerdos inolvidables del pasado, porque mi vida estuvo siempre cercanamente ligada a toda su carrera, cerca de su brillo y su oscuridad. De ello me siento muy orgulloso. Días que ya se fueron, pero que nunca se olvidarán porque Tyson las escribió en la historia con la brillantez del diamante. México recibió como siempre a Mike: con el aplauso y la admiración a uno de los más grandes campeones de todos los tiempos.
El hombre malo de antes, convertido ya en un buen ser humano. Muchas gracias y hasta el próximo domingo.





