Julio César Chávez Jr. obtuvo una electrizante victoria por nocaut , conmocionando al público con su fuerza, su poder y su corazón de león. Destrozó a Andy Lee en el séptimo round. Se trata de una de las peleas que más he disfrutado en muchos años, con mi interés puro del buen boxeo. Pude ver que el junior es ya todo un campeón. Calló muchas bocas, de los que no han creído en él y quienes me han llevado entre las patas, acusándome de favoritismos inexistentes. Seguro que su próximo rival, el campeón mundial de Diamante Sergio Martínez, ya vio que Julio no es ya el pichón que creía. El junior es todo un gran campeón por sus puños, no por favores.
Su padre, mi amigo de siempre y de quien he estado cerca, el gran Julio César, me ofendió ante la prensa acusando a los jueces, al CMB y a mí. Pero ya es tiempo de que sepa —él y todos—, que una vez que los boxeadores suben al ring y empieza la pelea, se acaban las amistades, las simpatías, el poder, y reina lo que debe ser: la justicia sobre el ring.
El junior iba perdiendo la pelea. Quizá era lo planeado, pues en los primeros tres rounds no pudo descifrar el estilo de Lee, y casi no tiró golpes. No hay mejor prueba que el silencio sepulcral —se podía escuchar hasta el zumbido de una mosca en esos primeros tres rounds—. Lee resultó un inesperado gran peleador. Julio salió a caminar en el ring con precaución, sin tirar golpes, estudiando a su rival, mientras que Lee lo graneaba con jabs fuertes, rápidos, certeros, y al recibir a Julio lo hacía con poderosos y rápidos upercots. Fue hasta el cuarto round que el campeón notó que la pelea en corto no era el fuerte de Lee y con ganchos al hígado lo cañoneó y ahí empezó lo que sería el camino a la victoria en esa noche.
Todavía en el quinto, Julio empezó a hacer figuras en el ring tras recibir golpes de Lee, para hacerle ver que "eran una pura y dos con sal". Eso era risible y celebrado en un Maromero Páez, pero no se ve bien con Julito. No lo necesita, porque es un gran peleador, serio, potente, fuerte, de respeto. Gocé más como aficionado, amante de las peleas del bueno boxeo, sin correlones ni fajadores.
Me impresionó ver a un rápido y buen peleador en Lee, imponiendo su estilo en los primeros rounds, mientras que Chávez caminaba agazapado como un jabato, presionando sin golpes a su presa.
Finalmente el junior pudo hacer lo suyo entrando en corto con ganchos al hígado poderosos, prácticamente destrozándolo en el sexto round, para luego noquearlo dramáticamente en el séptimo. Nunca le había tenido tanto respeto al junior como ahora. Estudió el estilo rápido, de velocidad y muchos golpes del rival, para descifrarlo y noquearlo poderosamente. Julio César Chávez junior es ya todo un gran peleador. Felicitaciones.
Me sentí satisfecho de una gran función, buena promoción, muy buena pelea y la pasión del público, además de la seguridad y un sentido total de protección y paz por las autoridades de El Paso.
Todo eso me trajo a la mente el momento tan difícil que está pasando el boxeo actual, en el que parece que todos estamos contra todos. Boxeadores de buen nombre resultando positivos en drogas. Un boxeador, Chisora, que cachetea al campeón y escupe a un segundo y mucho más. Una Federación de boxeo que se atreve a invadir otros territorios sin la menor ética ni respeto. Promotores que se odian y viven tratando de perjudicarse mutuamente, malas decisiones que pueden evitarse con una responsable administración.
Arrogancia, falta de respeto, egolatría, abuso de poder ejercido por quienes se sienten poderosos. Monopolios en la promoción afectando a las grandes mayorías que son la semilla y base del boxeo mundial. Y tantos otros puntos negativos que me llevaría tiempo describir. Como si nos estuviéramos dirigiendo al Apocalipsis y adoptando la mentalidad que parece cubrir al mundo en estos tiempos de confrontación, destrucción y sangre.
No es posible que continuemos aceptando esto, porque significaría el acabóse para el boxeo profesional, en cuanto a respeto, seriedad y un medio de vida para tantos pobres en el mundo.
No es posible que sigamos aceptando comportamientos salvajes de gente de corbata y traje.
No es posible que la mugre y la putrefacción sean ya un medio común de vida en el boxeo. Aquellos que amamos nuestro deporte, al que le hemos entregado toda nuestra vida, debemos unirnos para enfrentarnos al mal en busca del bien.
Todos los miembros del Consejo Mundial de Boxeo, que somos muchos, serán invitados a iniciar un proceso de acercamiento, buena voluntad, de oportunidades para todos, de rechazar el abuso y la falta de ética.
Aquellos que no acepten ese cambio de actitud mental y que se esfuercen el lograr el bien para la permanencia centenaria del boxeo en nuestro mundo, deberán recibir el hacha de acuerdo a nuestras leyes y reglamentos.
¡Ya basta !
Muchas gracias y hasta el próximo domingo.





